martes, 29 de julio de 2008

“Hay que cambiar la ley de TVN”

/Faride.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5228575809614076706" border="0" />

Adoos


"Hay que cambiar la ley de TVN"

Faride Zerán

escrito por Felipe Portales y Paulina Roblero
domingo, 20 de julio de 200
8

La Premio Nacional de Periodismo y Directora del ICEI, Faride Zerán, analiza el estado actual de la libertad de expresión en Chile; y cuestiona especialmente la carencia de una auténtica televisión pública y las políticas de los gobiernos de la Concertación en desmedro de los medios independientes.


¿Cuáles son, a su juicio, las restricciones fundamentales que afectan hoy la libertad de expresión en Chile?

Yo diría que, a diferencia de los noventa, en que las restricciones provenían del marco legal heredado de la dictadura; hoy se deben a ciertas realidades impuestas por las lógicas del mercado y de la Concertación, las que se expresan en una extrema concentración de la propiedad de los medios de comunicación. Vemos, así, la existencia de un duopolio consolidado en la prensa escrita; una progresiva absorción de las radioemisoras por grandes grupos económicos; y una televisión que ha desplazado su misión de servicio público, por un afán de conquistar audiencias a través de una programación bastante ramplona. Esto hace que los medios no estén dando cuenta de la diversidad y la pluralidad de la sociedad chilena; ni de informaciones y temas que son de alto interés para la generalidad de la población. Realidad que no solo está siendo percibida con molestia por una elite intelectual, sino también por crecientes segmentos de la comunidad nacional que están tomando conciencia que el derecho a la libre expresión e información es un tema de alto interés ciudadano y no solo de los periodistas.

¿En el cierre de Rocinante qué responsabilidad tuvo el Estado chileno?

Este es un tema que tiene resonancias muy personales ya que fui parte del equipo que desarrolló esa revista por más de siete años; revista que tuvo la particularidad de dar cuenta de los grandes temas culturales y políticos de la transición, que la generalidad de los medios evitaba –y evita- tratar.

La responsabilidad que tuvo el Estado respecto del cierre de Rocinante fue la misma que afectó a otros medios como La Época, Análisis y Apsi. No creo que haya habido una política especial contra Rocinante. Es decir, nuestra revista fue una de las muchas víctimas de un Estado y un gobierno que no valora la pluralidad en la comunicación social; de una clase gobernante que no percibe que una democracia requiere de una diversidad de medios que pueda representar a todos los sectores de la ciudadanía. En definitiva, de un Estado sin voluntad de distribuir con equidad los miles de millones de pesos que gasta anualmente en avisaje.

¿Ustedes fueron discriminados?

Todos los medios independientes fuimos discriminados en materia de avisaje estatal por distintas razones, pero fundamentalmente porque no ha habido un nivel de conciencia sobre la importancia de la existencia de medios independientes en una democracia incipiente como la chilena.

En ese sentido, estábamos “condenados a muerte”. Y no solo por la discriminación del avisaje estatal, sino también por la ausencia total de políticas que efectivamente nos incorporaran como actores relevantes en el espectro informativo del país.

¿Qué argumentos les daban para no entregarles publicidad estatal?

Los argumentos eran muy diversos. Dependían del jefe de servicio a cargo de las instituciones o empresas. Por ejemplo, que el avisaje ya estaba planificado; que se contemplaban muy pocos recursos para medios independientes; o que éramos un medio que “se leía muy poco”.Argumentos muy débiles, ya que estamos hablando de un medio que sí era leído; y que tenía impacto en segmentos de la población, no masivos, pero que constituían un público objetivo importante para cualquier avisador.

Además, no estábamos pidiendo “limosnas”. Estábamos reivindicando el derecho a existir en igualdad de condiciones que otros medios. A nosotros se nos exigía una serie de cosas que no se les hacía a los grandes medios. Creo que este es un tema que trascendía el caso de Rocinante.


¿No vieron una preocupación, respecto de ustedes, de organizaciones internacionales vinculadas a los medios de comunicación o a los derechos humanos?

En la dinámica de un medio, el día a día te va consumiendo; y uno siempre espera que esas puertas que están cerradas se puedan abrir en algún momento. Por lo que uno sigue “dándole y dándole”, hasta que te das cuenta que finalmente ya no puedes más. Además, uno se acostumbró a creer que las instancias internacionales eran solo para dictaduras…


En relación a la televisión ¿Qué nos puede decir sobre su experiencia en el Consejo de Televisión Nacional?

Fue muy interesante participar en el directorio de TVN porque los periodistas tenemos una visión de lo que debe ser el rol de la televisión pública, incluyendo su ámbito informativo y de programación general. Por tanto, yo podía aportar una mirada distinta.

Cuando nos incorporamos al directorio, junto con Nissim Sharim, se intentaba romper con el esquema de cuoteos por cúpulas políticas. Nissim representaba un mundo artístico; y yo un ámbito cultural, periodístico y académico. Sin embargo, aquello fue solamente un buen deseo porque finalmente imperaron los operadores de los partidos políticos allí representados. Es decir, los de la UDI, RN y el PDC. Iba a ser una experiencia de ocho años, pero duró sólo cuatro; porque al cuarto año nos pidieron la renuncia a todos los miembros del directorio. Las malas lenguas dicen que era para sacarme a mí, porque “hacía ingobernable” TVN, en tanto hice público una serie de debates que, según ellos, deberían haber quedado entre cuatro paredes. A mi juicio no eran debates que tuvieran que ver con el estado financiero o con informaciones reservadas propias de una empresa que se debe autofinanciar como TVN. Eran debates respecto de temas que sí le competían a la opinión pública, en tanto estábamos hablando de líneas informativas, de censura y de líneas editoriales. Es decir, de una serie de elementos que en cualquier televisión pública de un país democrático son parte del debate ciudadano.


En términos de censura ¿Qué recuerdo tiene más vivo en la memoria?

Bueno, para los treinta años del Golpe se encargó un documental y se exhibió otro; en función de la lógica del “empate”; de que nadie se sintiera ofendido; de que todos, vencedor y vencido, éramos iguales; etc. Eso claramente atentaba contra el buen periodismo y también contra la creatividad artística.

¿Qué elementos hacen que TVN no cumpla su rol de canal público?

Que TVN haya dejado abandonada la reflexión y el debate cultural y político; y que gran parte de los programas culturales emblemáticos hayan desaparecido. Es una televisión pública que decide abandonar sus funciones más propias: La de llevar el debate a una mirada más profunda y democratizadora de la sociedad; y la de proporcionar una información oportuna y basada en diversas fuentes, más amplias que las oficiales. Es una televisión pública que ha abandonado sus objetivos fundamentales. Nuestra televisión pública no hace la diferencia frente a las otras televisiones; y eso es algo clave para decir si está o no cumpliendo con su función.

¿Qué medidas de fondo cree necesarias para que TVN se constituya realmente en un canal público?

Creo que hay que cambiar la ley si queremos tener una televisión que de cuenta de la diversidad y de la amplitud de identidades de nuestra sociedad. Además, TVN debiera abordar con seriedad una revisión de nuestra historia y de los problemas actuales de cara al bicentenario. Y no caer en el show lamentable de echar a correr como caballos de carrera los rostros de Violeta Parra, Neruda o Víctor Jara; como si todos no fueran grandes figuras y tuviera que establecerse entre ellos un ranking de ganadores y perdedores. Esta es una clara muestra de su mal funcionamiento. Hay que repensar a fondo el tema; efectuar un amplio debate nacional; para modificar la actual ley de Televisión Nacional.

¿No será que hoy los medios apelan a la desinformación para que la gente no cuestione nada?

Creo que se ha impuesto efectivamente la tontería y esta también puede ser entretenida y vender. Al mismo tiempo, se están ocultando realidades que conducen a que nuestra sociedad sea una de las más “trabajólicas”, estresadas y desiguales del mundo. Con una multitud de problemas no resueltos en las áreas de salud, educación, seguridad social, etc…

Todo indica que aquí algo marcha mal. No se trata de una conspiración efectuada desde una oficina, pero creo que en el entorno y especialmente en el caso de los medios de comunicación hay una ramplonería y una mediocridad que empobrecen enormemente la interpelación; el intercambio de ideas; el enriquecimiento del debate; y la elevación del nivel cultural y político del país.

Decenas de documentales con una mirada critica sobre Chile son autocensurados por Televisión Nacional ¿Esos fueron temas de debate en el directorio?

Fueron tema de debate en su minuto. Recuerdo haber dado una fuerte pelea para que La Batalla de Chile fuera exhibida por Televisión Nacional. Me parecía elemental que se exhibiera, como una muestra destacada de nuestra memoria audiovisual. No se pudo exhibir porque predominó la visión del “empate”; en definitiva, el miedo traumático a nuestra propia identidad e historia. . Espero que logremos fortalecer nuestra democracia para que en un tiempo más esa clase de cosas sean percibidas como algo ridículo y estúpido.

El Estado usa mecanismos muy curiosos como el hecho de dar fondos, a través de Fondart, para que hagan esos documentales y después ser censurados.

Es parte de la locura que existe hoy en día, como es una locura pensar lo que está viviendo Elena Varela, la documentalista cuyos materiales fueron incautados y que pueden ser usados por la policía, lo que atenta gravemente contra la libertad de expresión.

Estamos viviendo situaciones complejas, puntuales espero, pero que no dejan de ser preocupantes. Hay un tema muy feroz, en el hecho que le estén aplicando la ley antiterrorista a muchos de los involucrados en las reivindicaciones mapuches. Creo que es francamente una vergüenza y atenta contra todas las libertades.

¿Qué sucede con el estado cultural, con la creatividad de la sociedad chilena?

En este país hay una fuerte corriente cultural, hay una gran creación en distintos planos. Yo lo veo no solamente en las regiones, sino también en las comunas donde se organizan festivales y otros eventos culturales con gran participación de la gente. Estimo que a nivel poblacional o comunal; y entre los grupos artísticos, musicales y de todas las artes en general, hay un movimiento cultural muy robusto. El punto es que hay una muralla de contención que hace que eso no se exprese en los medios masivos, impidiendo así el enriquecimiento de la vida y el diálogo ciudadano. Esta es una sociedad muy fragmentada y atomizada. Entonces, en distintos segmentos uno se da cuenta de que ocurren cosas, pero no llegan a ser parte de una plaza pública donde puedan ser debatidas y compartidas.

Algunos creen que Internet puede cumplir ese rol.

Internet es muy importante. La información e Internet se potencian, pero no basta con ella, no basta con estar interconectado. No basta con Facebook. Porque vas teniendo una serie de tribus que se retroalimentan entre sí, pero que no se proyectan hacia afuera. La atomización es un tema que está marcando a nuestra sociedad en todo orden de cosas.

¿Cuál es su opinión respecto del caso Clarín?

Lo que ha hecho el Estado chileno en ese caso es vergonzoso. Intentar escamotear o estirar al máximo el tiempo para el pago de la indemnización, sabiendo que detrás de eso hay un proyecto independiente. Hay sectores del poder a los que no les interesa que hayan medios independientes; se sienten amenazados por ellos. Esto habla muy mal de nuestra democracia; y nos revela una pobreza infinita de nuestra clase dirigente.

En el caso hipotético de que Sebastián Piñera asumiera el próximo gobierno ¿No cree que el escenario sería aún más difícil para los medios de comunicación?

Creo que la situación actual de los medios refleja una falta de voluntad política de la derecha y del Gobierno. Así que yo no temo que Piñera pueda ser peor, en este sentido, que los gobiernos de la Concertación. Frente a este tema, ambos conglomerados tienen una mirada muy similar.

¿Alguna reflexión final?

Considero que afortunadamente muchos sectores se están identificando con esta visión crítica y que se están produciendo fenómenos interesantes. Por ejemplo, la resistencia que oponen los estudiantes a una ley de educación francamente desastrosa, nos revela que algo nuevo está pasando; que la gente está despertando en tanto ciudadanos cuestionadores e interpeladores; que ya no están dispuestos a seguir actuando como carneros.

Por otro lado, quisiera recordar que la Universidad de Chile fue diezmada y fragmentada por la dictadura; y que este grave daño aun no ha sido reparado. Tenemos a este respecto un gran desafío por delante, que no le compete solo a la universidad, sino que al país entero; ya que nuestra casa de estudios representa el principal patrimonio cultural de la sociedad chilena. Específicamente debemos recuperar y elevar el nivel de nuestra disciplina, para que contribuyamos sustantivamente al progreso comunicacional, audiovisual y cultural de nuestro país.

Entrevista publicada en el boletín del Programa de Libertad de expresión del ICEI, Universidad de Chile. Reproducida en Clarín con permiso de sus autores

1 comentario:

Ernesto dijo...

Estimado Sergio. Soy amigo de Queno Ahumada y me dio tu nombre para consultarte como ubicar una película de Naum Kramarenco.
Mi nombre es Ernesto Eglinton y estoy en el mail eglintong@gmail.com
Agradecería si me contactas